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TEMA 10.

GEOBOTÁNICA

 

10.7.2. BOSQUES MEDITERRÁNEOS


Roble andaluz (Quercus canariensis):


El roble andaluz, moruno o africano, o quejigo canario (Quercus canariensis) es más común al otro lado del estrecho, que en la península Ibérica. Aparece en todo el norte de África, forma grandes bosques en Kabylia (Argelia), y también surge, aunque de manera más fragmentada, en las montañas del Tell en Argelia, y en Marruecos, en el Rif y en el Medio Atlas (wikipedia, 2015). En la península Ibérica se distribuye en tres focos principales: sierra Morena (en Extremadura), las sierras de Cádiz y Málaga, y la costa de la cordillera Catalana (Ferreras, 1987; Rubio, 1989; Blanco et al, 1997). A pesar de su nombre científico, no existen bosques de roble andaluz en las islas Canarias. La confusión se debe a un error en el etiquetado, que tuvo lugar durante la expedición botánica que realizó Broussonet por Canarias y África (Blanco et al, 1997).

Este tipo de roble, es un árbol perenne o subpersistente (algunas hojas aguantan más de un ciclo estacional y se mantienen en invierno). Dentro de la península Ibérica, vive entre los 100 y los 600 metros de altitud, y raramente llega a los 1.000 metros de altitud, aunque en Marruecos, en el Atlas Medio, llega hasta los 1.600 metros (Blanco et al, 1997). Es la especie más termófila de los tres robles marcescentes de la península (Rubio, 1989), y por ello ocupa áreas con una temperatura media anual que se sitúa entre los 12 y los 16 ºC (Blanco et al, 1997).

Además, es un roble exigente en lluvias, vive en áreas en donde las precipitaciones superan los 600 mm. anuales (aunque su óptimo se encuentra por encima de los 1.000 mm. anuales), y en donde no hay una sequía estival excesivamente pronunciada (Ferreras, 1987; Blanco et al, 1997). Le gusta la humedad proveniente del mar, por lo que suele situarse cerca de la costa, aunque no se encuentra en la línea de la playa (Ferreras, 1987). A nivel edáfico, el roble andaluz es silicícola, sólo se desarrolla sobre sustratos ácidos o básicos descarbonatados, formados por areniscas, pizarras o granitos principalmente. Prefiere suelos profundos y frescos, y por ello, suele situarse en vertientes húmedas, lugares umbrosos, valles, vaguadas... en donde se acumula el agua del subsuelo (Ferreras, 1987; Blanco et al, 1997).

El roble andaluz, es un árbol alto, de unos 30 metros, que suele tener una amplia copa. Su tronco normalmente crece recto y robusto. Su corteza es de color pardo-grisáceo o cenicienta, y suele estar resquebrajada en grietas poco profundas, longitudinales y transversales, sobretodo en los ejemplares más ancianos. Sus hojas  son planas y subcoriáceas, y varían mucho de tamaño, van de los 5 a los 20 cm. Su contorno es oblongo, alargado o elipsoidal, y el borde es crenado (poco lobulado) o subdentado (Blanco et al, 1997). Las flores masculinas están agrupadas en amentos colgantes de color amarillo, y las flores femeninas surgen solas o en pequeños grupos. Ambas flores aparecen entre abril y mayo. Los frutos, las bellotas, nacen solitarias o en grupos, sobre pedúnculos muy cortos y gruesos, y maduran en octubre o noviembre (Wikipedia, 2015).

Para poder distinguirlo fácilmente del resto de los robles de la península Ibérica se recomienda usar esta pequeña guía de pinos y robles de la península Ibérica pdf.

Generalmente, en lugares con poca actividad antrópica, el roble andaluz puede llegar a formar bosques densos, pluriestratificados, muy diversos y muy ricos en especies, algunas de ellas endémicas (Ferreras, 1987; Blanco et al, 1997). Pero actualmente, debido a la intervención del ser humano, es mucho más común observar bosques de roble andaluz muy aclarados e incluso, adehesados (Blanco et al, 1997).

Cuando el bosque está bien conservado, el estrato arbóreo suele ser alto (entre 12 y 30 m.), y tiende a dominar o cubrir entre el 70% y el 90% de la superficie. Los bosques pueden ser puros, aunque normalmente el roble andaluz suele estar acompañado por otras especies de caducifolias frondosas, pinos, encinas o alcornoques (con éstos últimos, suele formar bosques mixtos). Los estratos arbustivo, herbáceo y lianoide, suelen ser muy diversos, pero su número y el espacio que ocupan, varían en función de la distancia a la que estén los árboles principales, y en función de la región en la que se ubiquen (Ferreras, 1987; Blanco et al, 1997).

Teniendo en cuenta la distribución del roble andaluz, es fácil dividir sus bosques, teniendo en cuenta características biogeográficas, geobotánicas e históricas, en dos tipos: robledales andaluces y catalanes (Ferreras, 1987; Blanco et al, 1997).

- Los robledales de Quercus canarensis andaluces o quejigares gaditano-algarvienses: se localizan principalmente en algunos puntos de Málaga, en la sierra de Aracena (norte de Huelva), en la sierra de Monchique (en Portugal) y sobretodo, en las sierras de Algeciras y en el Aljibe (Cádiz). Estos robledales suelen desarrollarse en valles, en suelos ricos y bien drenados, y cerca de bosques de alcornoques y alisos (Blanco et al, 1997).

En estos bosques, a diferencia de los robledales de Quercus canarensis de Cataluña, suelen aparecen especies termófilas mediterráneas y especies relictas paleotropicales; y hay un menor desarrollo de caméfitos, hemicriptófitos y geófitos, pero por el contrario, son más comunes los terófitos, las lianas y los epífitos (Blanco et al, 1997).

En los robledales andaluces, el roble moruno (Quercus canariensis), suele dominar con sus amplias copas el estrato arbóreo, aunque en muchos bosques, el Quercus canariensis aparece codominando el estrato junto con los alcornoques (Quercus suber) (Ferreras, 1987). En ambos casos, en el estrato arbóreo suelen aparecer también alisos (Alnus glutinosa) y laureles (Laurus nobilis), y en el estrato subarbóreo arraclanes (Frangula alnus subsp. baetica), acebos (Ilex aquifolium) y majuelos (Crataegus monogyna) (Blanco et al, 1997).

En el estrato arbustivo tiende a haber muchas especies umbrófilas y muchas plantas con hojas lauroides como durillo (Viburnum tinus), torvisco macho (Daphne laureola), mirto o arrayán (Myrtus communis), aladierno (Rhamnus alaternus), olivilla (Teucrium fruticans), rododendro (Rhododendron ponticum)... (Blanco et al, 1997), además de labiérnago negro o agracejo (Phillyrea latifolia), rusco (Ruscus aculeatus), laureola (Ruscus hypophyllum)... (Ferreras, 1987). En el estrato herbáceo surgen especies como: el candilito o cola de ratón (Arisarum proboscideum), la celidonia menor o ficaria (Ranunculus ficaria), la dedalera (Digitalis purpurera), la lúzula (Luzula forsteri)... además de una gran cantidad y variedad de helechos, entre los que destacan el helecho común o helecho águila (Pteridium aquilinum), la helecha (Polystichum setiferum), el adianto negro (Asplenium onopteris), el Polypodium vulgare, la Anogramma leptophylla, la Selaginella denticulata... (Ferreras, 1987; Blanco et al, 1997).

Por último, merece la pena mencionar la gran variedad de lianas y epífitas (como si se tratase de un bosque tropical). Posiblemente, los bosques de roble andaluz del sur, son los bosques con más epífitos de toda la península Ibérica. Entre las especies de este variado estrato destacan las hiedras (Hedera helix subsp. helix y H. helix subsp. canariensis); las lianas, como la rubia peregrina (Rubia peregrina var. longifolia) y el azahar bravo (Clematis flammula); los arbustos trepadores como el aján o clemátide de Virginia (Clematis cirrhosa), las madreselvas (Lonicera splendida y L. periclymenum subsp. hispanica), la zarzaparrilla (Smilax aspera)...; hierbas trepadoras, como la aristoloquia bética (Aristolochia baetica), la aristoloquia larga (Aristolochia longa), la nueza negra (Dioscorea communis o Tamus communis); y sobre los árboles, epífitos como el polipodio (Polypodium cambricum) y la cabriña (Davallia canariensis) (Ferreras, 1987; Blanco et al, 1997).

- Los robledales de Quercus canarensis catalanes: se sitúan de manera dispersa, a lo largo de la cordillera Costero-catalana, principalmente sobre suelos formados por areniscas y arenas de origen granítico (Ferreras, 1987; Blanco et al, 1997). En ellos, las precipitaciones son menores que en los robledales andaluces, pero la sequía del verano es más tenue y más corta (Ferreras, 1987).

Generalmente en este área, los robledales de Quercus canarensis, forman masas forestales pequeñas, y por lo tanto, muestran en su interior, un cortejo influenciado por los bosques de alrededor (alcornocales, encinares, robledales...). Además, debido al clima y a su situación geográfica, las especies acompañantes de estos robles, suelen ser comunes en los bosques caducifolios del norte de la península (Ferreras, 1987). En el sotobosque, dominan especies mesófilas mediterráneas y especies eurosiberianas o medioeuropeas (Blanco et al, 1997). Por ejemplo, en los quejigares de La Selva (en Girona), como señala Bolòs (1959), aparecen un 35% de especies mediterráneas, un 55% de especies eurosiberianas, un 10% de especies de amplia distribución. Por otro lado, a diferencia de los bosques de roble moruno de Andalucía, en los catalanes, hay una mayor proporción de geófitos, caméfitos y hemicriptófitos, y una menor proporción de lianas y terófitos (Blanco et al, 1997).

El estrato arbóreo de los robledales catalanes puede llegar a estar dominado por el roble moruno (Quercus canarenis), aunque lo más común es que en él también aparezcan la alsina (Quercus ilex subsp. ilex), el roble pubescente (Quercus humilis), el temblón (Populus tremula), el sorbo o serbal silvestre (Sorbus torminalis) o el castaño (Castanea sativa). Por debajo de esta capa de árboles, suele aparecer un estrato subarbóreo formado por árboles de pequeño tamaño, como el acebo (Ilex aquifolium), el majuelo (Crataegus monogyma)... (Ferreras, 1987; Blanco et al, 1997).

En el estrato arbustivo de estos robledales son comunes el brezo blanco (Erica arborea), la retama negra (Cytisus scoparius), la brecina (Calluna vulgaris), el endrino (Prunus spinosa), la zarzamora (Rubus ulmifolius)... (Blanco et al, 1997). En el estrato herbáceo suelen aparecer especies acidófilas, nemorales y/o eurosiberianas, como por ejemplo, el helecho común (Pteridium aquilinum), el culantrillo negro (Asplenium onopteris), la escorodonia (Teucrium scorodonia), la betónica (Stachys officinalis), la estrellada (Stellaria holostea), la veronica o triaca (Veronica officinalis), la lúzula (Luzula forsteri), Hieracium sabaudum, Carex depressa, Brachypodium sylvaticum... (Ferreras, 1987; Blanco et al, 1997). Por último, cabe destacar la presencia de musgos, como Scleropodium purum y Dicranum scoparium, de las lianas, y de plantas trepadoras, como la madreselva de los bosques (Lonicera periclymenum) (Ferreras, 1987).

La degradación de estos robledales catalanes conlleva al aclaramiento de la masa forestal, y entonces, se suele producir un aumento de especies heliófilas o se forma un piornal (Cytisus scoparius). Pero si la alteración de la vegetación y del suelo continúa, se crean matorrales de brecina y otras plantas pequeñas (Blanco et al, 1997).

Estrato

Especies de los robledales andaluces

Especies de los robledales catalanes

Árboles

El roble moruno suele dominar el estrato arbóreo, aunque pueden aparecer bosques mixtos con alcornoques. En este estrato también son comunes los alisos (Alnus glutinosa) y los laureles (Laurus nobilis).

En el estrato subarbóreo, aparecen arraclanes (Frangula alnus subsp. baetica), acebos (Ilex aquifolium) y majuelos (Crataegus monogyna).

El roble moruno puede dominar el estrato, pero lo más común es que también aparezcan alsinas (Quercus ilex subsp. ilex), robles pubescentes (Quercus humilis), temblones (Populus tremula), serbales silvestres (Sorbus torminalis) o castaños (Castanea sativa).

Se suele formar un estrato subarbóreo formado por árboles de pequeño tamaño, como el acebo o el majuelo.

Arbustos

Aparecen muchas especies umbrófilas y muchas plantas con hojas lauroides como durillo (Viburnum tinus), torvisco macho (Daphne laureola), mirto (Myrtus communis), aladierno (Rhamnus alaternus), rododendro (Rhododendron ponticum)... además de agracejo (Phillyrea latifolia), rusco (Ruscus aculeatus)...

Las especies más comunes son: brezo blanco (Erica arborea), retama negra (Cytisus scoparius), brecina (Calluna vulgaris), endrino (Prunus spinosa), zarzamora (Rubus ulmifolius)...

Hierbas

Son comunes hierbas como: cola de ratón (Arisarum proboscideum), ficaria (Ranunculus ficaria), dedalera (Digitalis purpurera), lúzula (Luzula forsteri)... Destaca la gran variedad de helechos, entre los que destacan el helecho común (Pteridium aquilinum), helecha (Polystichum setiferum), adianto negro (Asplenium onopteris), Polypodium vulgare, Anogramma leptophylla...

Suelen aparecer especies como: helecho común (Pteridium aquilinum), culantrillo negro (Asplenium onopteris), escorodonia (Teucrium scorodonia), betónica (Stachys officinalis), estrellada (Stellaria holostea), triaca (Veronica officinalis), lúzula (Luzula forsteri), Hieracium sabaudum, Carex depressa...

Otros

Destacan las hiedras (Hedera helix subsp. helix y H. helix subsp. canariensis); las lianas, como la rubia peregrina (Rubia peregrina var. longifolia) y el azahar bravo (Clematis flammula); los arbustos trepadores como el aján (Clematis cirrhosa), las madreselvas (Lonicera splendida y L. periclymenum subsp. hispanica), zarzaparrilla (Smilax aspera)... ; las hierbas trepadoras, como aristoloquia bética (Aristolochia baetica), aristoloquia larga (Aristolochia longa)...; y epífitos como polipodio (Polypodium cambricum) y cabriña (Davallia canariensis).

Destaca la presencia de musgos, como Scleropodium purum y Dicranum scoparium, lianas, y plantas trepadoras, como la madreselva de los bosques (Lonicera periclymenum), aunque en menor proporción que en los quejigares andaluces.

Principales especies de los robledales de roble andaluz (Ferreras, 1987; Blanco et al, 1997).

A pesar de que los robles andaluces son árboles con un gran valor paisajístico y científico, han sido muy castigados por el ser humano, puesto que éste ha extraído una gran cantidad de leña para el carboneo, reduciendo su superficie y formado grandes espacios aclarados dentro de los bosques (Ferreras, 1987). Algunos autores, como Rivas-Martínez (1975), señalan que también han podido influir factores naturales, puesto que el roble andaluz podría ser un “bosque relicto probablemente superviviente de épocas con un clima mediterráneo más templado y lluvioso que el actual”. Blanco et al (1997) citando a Palamarev (1989), afirma que la distribución actual del roble andaluz está en una fuerte regresión, puesto que su antecesor fósil, el Quercus cardanii, tuvo una mayor extensión, ya que desde el Mioceno al Plioceno, ocupó gran parte del centro y del sur de Europa.

Actualmente, como se ha dicho, existen varios bosques de este tipo de roble, aunque en áreas muy fragmentadas, en sierra Morena, Extremadura; en la sierra de Aracena, al norte de la provincia de Huelva; en las sierras de Cádiz y Málaga, principalmente en la sierra de Algeciras y en el macizo del Aljibe; en algunos puntos de los Montes de Toledo; en el entorno del macizo de Monchique (en el Algarve, en Portugal); y en la costa de la cordillera Catalana, en la provincia de Barcelona, en el Vallés oriental, el Maresme (sobretodo en los alrededores de Cabrils), y en el Montnegre; y en Girona, en la Garrotxa, La Selva (Maçanet y Turó de Boscastell) y en Santa Pau (Ferreras, 1987; Rubio, 1989; Blanco et al, 1997).

A continuación se muestra una fotografía aérea del bosque de robles canarios y alcornoques de el Puerto del Tinaón, en Jimena de la Frontera (Cádiz), en donde se observa la densidad de este tipo de formaciones.

roble andaluz
Bosque de robles canarios y alcornoques en el Puerto del Tinaón
en Jimena de la Frontera (Cádiz) dentro del Parque Natural de los Alcornocales.
Fuente: Mapa forestal de España (MFE50 Cádiz).
Imagen del PNOA © Instituto Geográfico Nacional de España.
 
 
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Alberto Díaz San Andrés (2011-2016), última actualización: junio de 2016. www.biogeografia.netau.net (versión 4.0)