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TEMA 10.

GEOBOTÁNICA

 

10.7.2. BOSQUES MEDITERRÁNEOS


Bosques de pinsapo (Abies pinsapo):


El pinsapo (Abies pinsapo) es un árbol endémico y relicto del Terciario, posee un gran valor ecológico, científico y paisajístico (Ferreras et al, 1987; Blanco et al, 1997).

No fue descrito como una especie diferente del abeto hasta 1838. Fue Pierre Edmond Boissier (1810 - 1885), un gran botánico suizo, quien en la primera mitad del siglo XIX, en uno de sus viajes por la península Ibérica, describió al pinsapo, y lo nombró como Abies pinsapo, tomando el nombre que usaban las gentes de la zona. La palabra pinsapo parece derivar de las palabras latinas pinus, pino y sapinos, abeto, por lo que se puede traducir como pinabete (Blanco et al, 1997).

El pinsapo es un árbol que requiere mucha humedad, como casi todos los abetos, por ello siempre se sitúa en áreas montañosas (de 1.000 a 1.800 metros), concretamente en las partes sombrías y frescas, y con muchas precipitaciones (de 2.000 a 3.000 mm. anuales, y hasta 4.000 mm. anuales), a pesar de estar en áreas mediterráneas, en donde hay un periodo seco en verano (Ferreras et al, 1987; Rubio, 1989; Blanco et al, 1997). Por ejemplo, en la sierra de Grazalema, a 823 metros de altitud caen unos 2.223 mm. anuales de lluvia a pesar de que en los meses de julio y agosto no se alcanzan los 10 mm., al igual que en las Sierras Bermeja y de las Nieves, en donde las precipitaciones superan los 1.000 mm. anuales, pero el verano sigue siendo muy seco, con lluvias casi nulas en julio y agosto, y escasas en junio y septiembre (Ferreras et al, 1987). En estas áreas, situadas al sureste de la península, se producen precipitaciones muy altas por un efecto orográfico, debido a que las lluvias se forman cuando las masas de aire húmedo del Estrecho de Gibraltar ascienden a través de las laderas del sur de las montañas en donde se encuentran los pinsapos.

Este tipo de abeto destaca por su altura, su robustez, su forma cónico-piramidal en los ejemplares jóvenes, típica del genero Abies, y su color verde, muy oscuro, o a veces verde-azulado (Blanco et al, 1997). También se caracteriza porque las ramas secundarias se insertan perpendicularmente en el tallo, de forma parecida a las hojas, que también se disponen perpendiculares a las ramas, y en todas las direcciones (Rubio, 1989). La corteza suele ser grisácea o cenicienta, normalmente es lisa en los pinsapos más jóvenes y algo más  agrietada en los ejemplares más adultos (Blanco et al, 1997).

Las hojas son más pequeñas y cortas que las del abeto blanco (Abies alba), en torno a un centímetro de longitud, y uno o dos milímetros de anchura. Además, las hojas del pinsapo, son rígidas, algo punzantes y rectas, y se disponen alrededor de toda la rama (de manera helicoidal), y no en un mismo plano, como en el abeto blanco (Ferreras et al, 1987). El hecho de que las hojas sean cortas, gruesas, duraderas (permanecen en el árbol hasta quince años), y de que se dispongan alrededor de la rama impidiendo la circulación del aire, es una forma de resistencia a la sequía, puesto que así el árbol limita la evapotranspiración (Ferreras et al, 1987; Blanco et al, 1997).

Las inflorescencias masculinas del pinsapo son de color pardorojizo y tienen un tamaño similar al de las acículas. Las piñas, poseen escamas cortas y anchas, y sueltan un gran número de piñones que se caracterizan por su ala membranosa muy ancha (Blanco et al, 1997).

En la naturaleza éste árbol aparece formando bosques puros muy densos y con poco sotobosque, salvo en áreas rocosas y/o ventosas, en donde aparecen masas muy abiertas en las cuales los pinsapos toman formas achaparradas o almohadilladas. Aunque los pinsapos también pueden aparecer en bosques mixtos con quejigos, encinas, pinos y alcornoques (Blanco et al, 1997). En general, en las partes más bajas de las montañas en las que se encuentra el pinsapo se mezcla con las encinas (Quercus ilex) y los quejigos (Quercus faginea), mientras que en las partes más altas, se encuentra con arces de Montpellier (Acer monspessulanum) y con serbales (Sorbus aria). En las partes más claras del bosque, aparecen agracejos (Berberis hispanica), enebros (Juniperus oxicedrus) sabinas (Juniperus phoeniciae), y majuelos (Crataegus monogyna); y en las partes más sombrías destaca la presencia del arbusto Daphne laureola (Rubio, 1989).

Pinsapar de Grazalema
Imagen del pinsapar de la Sierra de Grazalema.
En la parte inferior de la foto se ve como el pinsapo se mezcla con los robles, mientras
que en la parte superior de la imagen (y de la montaña) aparece el bosque puro de pinsapos.
Sierra de Grazalema. Fotografía de Alberto Díaz, 2007.
 

La estructura de los pinsapares puros suele ser la siguiente: el estrato arbóreo tiende a ser denso, continuo y monoespecífico, en él domina claramente el pinsapo (Abies pinsapo), aunque puede aparecer algún ejemplar de encina, roble, arce, pino resinero, pino piñonero... Los estratos inferiores suelen ser pobres y poco densos, en parte debido a que las acículas de los pinsapos son difíciles de descomponer y recurren gran parte del suelo. Aún así el sotobosque muestra una cierta variedad, en él suelen aparecer especies típicamente mediterráneas como: las peonías (Paeonia broteri, P. coriacea), la rubia (Rubia peregrina), el brusco o rusco (Ruscus aculeatus), la cebolla albarrana o jacinto de los montes (Hycinthoides hispanica)...; especies frecuentes de los quejigares calcícolas como: el eléboro fétido (Helleborus foetidus), la adelfilla (Daphne laureola var. latifolia)...; otras especies caducifolas como: el serbal (Sorbus aria), madreselva (Lonicera splendida), espino blanco (Crataegos monogyma), agracejo (Berberis hispanica), rosales silvestres (Rosa spp.); y además, son abundantes los helechos (Cystopteris fragilis y Asplenium onopteris), los musgos y los líquenes (Ferreras et al, 1987; Blanco et al, 1997).

Estratos

Especies

Árboles

Suele dominar el pinsapo (Abies pinsapo). Puede mezclarse con encinas (Quercus ilex), quejigos (Quercus faginea), arces de Montpellier (Acer monspessulanum), serbales (Sorbus aria), agracejos (Berberis hispanica), enebros (Juniperus oxicedrus), sabinas (Juniperus phoeniciae),  majuelos (Crataegus monogyna) y pinos (Pinus halepensis y P. Pinaster).

Arbustos

Suele ser un estrato pobre, aun así se pueden ver peonías (Paeonia broteri, P. coriacea), bruscos o ruscos (Ruscus aculeatus), adelfillas (Daphne laureola var. latifolia), serbales (Sorbus aria), agracejos (Berberis hispanica), rosales silvestres (Rosa spp.)...

Hierbas

La más característica es el jacinto de los montes o cebolla albarrana (Hycinthoides hispanica), aunque también aparece el eléboro fétido (Helleborus foetidus), la castaña de tierra (Bunium balearicum), el cerastio (Cerastium boissieri), helechos (Cystopteris fragilis y Asplenium onopteris)...

Otros

Aparecen trepadoras como la rubia (Rubia peregrina) o la madreselva (Lonicera splendida), hongos, musgos, líquenes...

Principales especies de los pinsapares (Ferreras et al, 1987; Blanco et al, 1997).

En los lugares donde el pinsapo ha sido degradado (por el fuego, el pastoreo...), los árboles son sustituidos por una serie de plantas heliófilas. En las partes más altas, aparecen una gran cantidad de matorrales almohadillados, y en el resto del territorio los pinsapos son suplantados por matorrales espinosos como los agracejos (Berberis hispanica), los majuelos (Crataegus monogyna), las rosas (Rosa spp.)... Si la degradación del pinsapar continúa, aparecen comunidades de herbáceas de eléboro (Helleborus foetidus), violeta de flores amarillas (Viola demetria), gramíneas (Festuca capillifolia, F. plicata y Piptatherum paradoxum)... (Blanco et al, 1997).

El pinsapo tiene un área de distribución muy reducida, debido principalmente a que los pinsapos son especies relictas y a la competencia con otras especies (Blanco et al, 1997), pero también debido a  la acción humana: la explotación abusiva, la extracción de madera (a pesar de su mala calidad), las talas, el sobrepastoreo y los incendios (Ferreras et al, 1987; Rubio, 1989; Blanco et al, 1997). En un recuento de árboles realizado en 1751, en la provincia de Jerez de la Frontera (Cádiz), se nombran pinsapos (llamados pinzapos nuebos) en las Villas de la Serranía de Villaluenga, Benaocaz, Grazalema y Ubrique (Blanco et al, 1997). Además, Ceballos y Ortuño (1977) señalan que en el siglo XIX en el pinsapar de Ronda había unos 24.000 pinsapos adultos, y que en menos de medio siglo se redujo su población a la mitad. Ceballos y Ortuño (1977) también aseguran que a principios del siglo XX existían pinsapares en la sierra de Libar (entre Cádiz y Málaga) y en las faldas sudorientales de Yunquera (Málaga). Por otro lado, Wilkomm (según Blanco et al, 1997) cita que entre 1845 y 1869 se eliminaron unas 200 hectáreas de pinsapar en la sierra de la Nieves, y hasta 1960 existía una serrería en Grazalema. Por todo ello, es fácil saber que hace tan sólo unos 200 años, la extensión de los pinsapares era mucho mayor que la actual.

En la actualidad sólo se encuentran bosques de pinsapos en el sur de la península Ibérica, en pequeñas islas biogeográficas de pocas hectáreas. Las tres principales son: la sierra del Pinar, en Grazalema (Cádiz) en donde es Reserva de la Biosfera; la sierra de las Nieves, cerca de Ronda (Málaga), en donde hay ejemplares centenarios; y sierra Bermeja, en el término de Estepona (Málaga), en donde se haya el mayor bosque de pinsapos (Ferreras et al, 1987; Rubio, 1989; Blanco et al, 1997). En el libro de “Los Bosques Ibéricos” (Blanco et al, 1997) se señalan además pequeñas masas de pinsapo en la sierra de Alcor (Parauta), y rodales y árboles aislados en la sierra Hidalga (Ronda), en el Cerro Abanto (Istán) y en el municipio de Monda, todas ellas, situadas en la provincia de Málaga. En Marruecos está presente en algunas áreas del Rif, como en Chezchauen y Tazaot, en forma de Abies pinsapo var. marocana (Ferreras et al, 1987; Rubio, 1989; Blanco et al, 1997).

abetos marruecos
Bosques de pinsapos (Abies pinsapo var. marocana) en Chefchauen (Marruecos).
Fotografía de Alberto Díaz, 2011.
 

Actualmente existe una gran conciencia del valor del pinsapo, por ello, en los últimos años, los espacios en donde habitan estos árboles han sido protegidos como Espacios Naturales, y se han efectuado un buen número de repoblaciones (Ferreras et al, 1987; Blanco et al, 1997).

A continuación se muestra una fotografía aérea del bosque de pinsapos de Grazalema en la que se aprecia la estructura general de estos bosques y la forma de los árboles.

 
pinsapo
Pinsapar en la Sierra de Grazalema (Cádiz).
Imagen del PNOA © Instituto Geográfico Nacional de España.
 
 
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Alberto Díaz San Andrés (2011-2016), última actualización: junio de 2016. www.biogeografia.netau.net (versión 4.0)