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TEMA 6.

FACTORES

6.9. VIENTO

 

El viento es otro importante factor, se genera por el movimiento de las capas de aire, y es especialmente determinante en costas, llanuras, desiertos y crestas de montañas, en donde su fuerza es mucho mayor. El viento influye sobre los seres vivos pero también sobre los microclimas y sobre otros factores como la temperatura, la humedad, el fuego o la nieve.

Los parámetros más importantes del viento son: la dirección y la velocidad. La dirección se determina en función del punto cardinal desde el que se origina el viento, por medio de veletas o por mangas de viento, por ejemplo un viento del este, viene del este y se dirige hacia el oeste. La velocidad se mide por medio de anemómetros en km/h, m/s, o en nudos, y se puede comparar mediante la escala de Beaufort (1805):

Grado
Beaufort
Velocidad
(Km/h)
Nombre Características
0 0 a 1 Calma El humo sube verticalmente y el mar aparece despejado.
1 2 a 5 Ventolina El humo indica la dirección del viento. En el mar hay pequeña olas, pero sin espuma.
2 6 a 11 Flojito (brisa
muy débil)
Perceptible en la cara, agita las hojas de los árboles. Se ven rizos sobre el agua de lagos y estanques, y en el mar hay crestas de apariencia vítrea, sin romper.
3 12 a 19 Flojo (brisa
ligera)
Se agitan las hojas y las ramitas. Hay pequeñas olas de aspecto cristalino sobre lagos y estanques. En el mar se ven pequeñas olas y crestas rompientes.
4 20 a 28 Bonancible (brisa
moderada)
Se levanta polvo y papeles, y se agitan algunas ramitas y las copas de los árboles más jóvenes. En el mar se ven borreguillos numerosos, y olas cada vez más largas.
5 29 a 38 Fresquito (brisa
fresca)
Agita árboles pequeños, hojas y ramas medianas sin hojas. Se forman olas medianas y constantes sobre los lagos. En el mar aparecen olas medianas y alargadas, y borreguillos muy abundantes.
6 39 a 49 Fresco (brisa
fuerte)
Las personas tienen dificultad para abrir el paraguas y se oye el viento por las calles. Se mueven las ramas gruesas y árboles pequeños. En el mar comienzan a formarse olas grandes, crestas rompientes, espuma...
7 50 a 61 Frescachón (viento fuerte) Las personas tienen dificultad para caminar en contra del viento. Se mueven los árboles grandes y se agitan fuertemente los árboles medianos. Aparece mar gruesa con espuma, arrastrada en dirección del viento.
8 62 a 74 Temporal
(viento duro)
Es difícil caminar en contra del viento. Se quiebran las copas de los árboles, mueve árboles gruesos y rompe algunas ramas. En el mar se ven grandes olas rompientes y franjas de espuma.
9 75 a 88 Temporal
fuerte (viento
muy duro)
Es imposible andar en contra del viento, produce daños en algunas casas y puede arrancar tejas. En los árboles daña las ramas medianas y arranca a los más débiles. En el mar hay olas muy grandes y rompientes, y la visibilidad es mermada.
10 89 a 102 Temporal duro
(temporal)
Produce daños en las construcciones. Arraca árboles jóvenes y gruesos, y troncha algunos. En el mar hay olas muy gruesas con crestas empenachadas. La superficie del mar aparece blanca.
11 103 a 117 Temporal
muy duro
(borrasca)
Destrucción en todas partes, lluvias muy intensas y altas inundaciones. En el mar hay olas excepcionalmente gran, la mar está completamente blanca y la visibilidad es muy reducida.
12 más de
118
Temporal huracanado
(Huracán)
Voladura de autos, árboles, casas, techos y personas. Puede generar un huracán o un tifón. En el mar hay olas hay olas excepcionalmente grandes, mar blanca y visibilidad nula.
Escala de Beaufort (1805) tomado de Cuadrat y Pita (2000), y Wikipedia.

El régimen de vientos de una localidad se representa sobre una rosa de los vientos en la que se indica el número de días y la dirección de los vientos predominantes.

Los efectos del viento sobre los seres vivos son muy variados, y en ocasiones determinantes. En las plantas cabe destacar:

- El primer lugar, el viento tiene un importante papel en la distribución de las semillas y las esporas (ver en el capítulo de distribución, la anemocoría y la anemogamia).
- El viento generalmente crea un efecto de desecación, aunque por otro lado, reduce el riesgo de heladas. Dependiendo de la situación atmosférica, el viento modifica la temperatura del aire. En áreas de montaña, hace que el frío sea más intenso, aunque normalmente el viento mueve el aire generando calor.
- En áreas situadas a una gran altitud, el viento es una de las causas (junto con la nieve principalmente) que provoca el enanismo en algunas especies vegetales.
- El viento influye en la distribución de la vegetación. Determina el límite de algunos bosques puesto que al desecar los brotes en los periodos fríos, impide que la vegetación se desarrolle. En teoría, no hay bosques si velocidad del viento a 10 metros de altura es igual o superior a 6 m/s (Alcaráz Ariza, 2008). Si esto se produce y no puede haber bosque por la fuerza de viento, tampoco estarán los animales asociados a dicho bosque. En los Alpes el límite de los bosques alcanza los 2.300 m., mientras que en Auvernia, donde los vientos son más fuertes, el límite de los bosques apenas sobrepasa los 1.450 m. lo que obliga a las hayas de la zona a crecer de forma achaparrada (Lacoste, 1973).
- En general, es más fácil que las yemas de las plantas de la parte de barlovento de una montaña se dañen más que las que están situadas a sotavento por el efecto del viento.
- En áreas con dunas el viento desentierra y entierra las especies vegetales, determinando el crecimiento y la zonación de los taxones que se desarrollan entre la arena.

Por lo tanto, el viento puede tener efectos positivos o negativos sobre las plantas. Un viento suave asegura la renovación del aire que se sitúa alrededor de los estomas, facilita la absorción de dióxido de carbono, suele tener ser efecto dinamizador en la fotosíntesis, y además evita las heladas y las temperaturas excesivamente altas. Por el contrario, un viento fuerte obliga a la planta a aumentar su transpiración lo que puede provocar el cierre de los estomas y la parada de la actividad fotosintética, además de originar daños mecánicos en la planta, pueden provocar la fractura y la deformación de los árboles, o directamente su destrucción. Aunque también puede provocar erosiones cuticulares por fricción del follaje o abrasión con los elementos que transporta: polvo, nieve, sal, agua salada... (Ferreras Chasco, 1999, 2000).

En áreas donde el viento es fuerte y constante la configuración de la vegetación está determinada por los vientos predominantes. En algunas especies como las gramíneas estimula el abatamiento, es decir, hace que muchas plantas de la formación estén tumbadas. En otras ocasiones, puede provocar la aparición de troncos inclinados, formas achaparradas, almohadilladas, postradas, rastreras o entablado. Los árboles que crecen de manera aislada o en la primera línea de los agrupamientos vegetales son especialmente susceptibles al viento, y por ello se ven obligados a crecer inclinados y con las ramas orientadas al sentido hacia el que normalmente se dirige el viento, son los llamados árboles bandera (Ferreras Chasco, 1999, 2000).

En función del tipo de deformación provocada por el viento, Yoshino (1973), divide a los árboles en cuatro categorías:

1. árboles con tronco casi vertical, pero ramas muy curvadas a sotavento debido a los vientos dominantes que hubo durante su crecimiento.
2. árboles con troncos verticales y ramas de barlovento rotas por el viento y la nieve.
3. árboles con tronco y ramas muy deformadas por el viento.
4. árboles con tronco inclinado a sotavento, pero copa casi simétrica debido a fuertes vientos ocasionales.

En función de la intensidad de las deformaciones producidas por el viento Barsch (1963) distingue seis tipos de árboles teniendo en cuenta la silueta del árbol.

0. sin deformación aparente.
1. deformación débil, ligera disimetría de la copa, y ramas menores curvadas hacia el lado abrigado.
2. copa netamente disimétrica, ramas expuestas al viento fuertemente curvadas hacia el lado abrigado.
3. forma de bandera imperfecta, casi sin ramas del lado del viento.
4. forma de bandera perfecta, sin ramas del lado del viento.
5. forma mutilada, copa y tronco fuertemente inclinados hacia el lado contrario al viento.
6. forma rampante, tumbado a ras del suelo.

Por todo esto, debido a la acción del viento, algunas plantas han desarrollado capacidades especiales para poder adaptarse a este factor. Los caméfitos pulvinulados crecen de forma almohadillada con las yemas protegidas en el interior de la maraña de ramas, mientras que otras especies desarrollan unos complejos sistemas de fijación al suelo (con raíces muy numerosas o muy gruesas) o aprovechan la protección de otras especies.

arboldoblado

Pino doblado por la acción del viento. Fotografía de Alberto Díaz San Andrés.

En los animales, sobretodo en las aves, el viento tiene un importante papel. Muchas especies de aves como el buitre (Gyps fulvus) están adaptadas a masas de aire ascendentes que les permiten ascender y planear para poder buscas a sus presas, mientras que otras especies, como las gaviotas, prefieren ambientes muy ventosos, como la costa, para poder planear contra el viento (Lozano Valencia, 2000).

viento

Seis buitres leonados volando en el Parque Nacional de Monfragüe.
Fotografía de Alberto Díaz San Andrés.

6.10. ATMÓSFERA

 

La atmósfera normalmente esta formada por nitrógeno (78,1 % en volumen), oxígeno (21%), argón (0,93%) y anhídrido carbónico (0,035%) principalmente. Esta proporción de gases se mantiene estable gracias a la actividad de los animales, pero sobretodo de los seres fotosintéticos.

Aunque la atmósfera se ve alterada principalmente por la actividad humana y algunos procesos biológicos y geológicos, inyectan al aire diversos tipos de gases, partículas sólidas y algunos productos químicos. Muchos animales y plantas son susceptibles a estos cambios. Por ejemplo algunas plantas como Gladiolus, Tulipa, Zea son capaces de detectar partículas de FH en el aire, o plantas como Geranium, Medicago sativa detectan SO2. Los líquenes por su parte, son bioindicadores de la contaminación atmosférica, en áreas con aire contaminado no pueden crecer.

El valor del CO2 suele ser constante, aunque en formaciones vegetales densas puede haber escasez, por lo que la renovación del aire es importante. En alta montaña el aire suele contener menor cantidad de CO2 al ser un gas pesado, por ello algunos autores relacionan esta causa con el enanismo de las plantas de altura. Por otro lado el aumento relativo del CO2 en la atmósfera puede ser positivo para el desarrollo de la planta de hecho, el aumento de este gas favorece a la plantas C3, aunque perjudica a muchas otras especies (Ferreras Chasco, 2000).

Dentro de la atmósfera cabe indicar el factor de la presión atmosférica, sobretodo en áreas de alta montaña. La presión puede condicionar el tamaño y la forma de las plantas y los animales, por ello existen comunidades vegetales especialmente adaptadas a este factor, los seres barófilos.


6.11. RELACIONES CON OTROS SERES VIVOS

 

Este apartado se trata de manera más detallada en el capítulo de ecología. Aunque en principio, se puede afirmar que todos los seres vivos del planeta forman un gran conjunto en el que se producen numerosas interrelaciones, y en el que todos dependen en cierta media de todos, creando un sistema que se retroalimenta y evoluciona (Lozano Valencia, 2000).

Entre los árboles y los animales suele haber una relación de cooperación, puesto que las plantas proporcionan a la fauna alimento (directo e indirecto), refugio, cobijo... en general, cuanto más desarrollado y estratificado está un bosque habitan en él más animales. Por su parte la fauna ayuda a polinizar y a germinar las plantas, y aporta materiales orgánicos al suelo.

Pero las relaciones entre plantas y animales no siempre son positivas, la aparición de nuevos parásitos, la presencia de hongos o bacterias, la implantación de especies invasoras... pueden limitar la expansión y progresión de un taxón e incluso llegar a eliminarlo. Por ejemplo las langostas cíclicamente arrasan las superficies cultivadas y los elefantes provocan la deforestación en algunas de las áreas que habitan.

Por último, cabe destacar la presencia del ser humano cuya acción en el territorio cada vez es mayor y más determinante. Durante los últimos años, hombre y mujeres, se han convertido en un factor de primer orden, puesto que la vegetación y la fauna depende en gran medida de la cercanía a las grandes poblaciones.


BIBLIOGRAFÍA DEL CAPÍTULO

 

Alcaráz Ariza, Francisco (2008). Geobotánica. Universidad de Murcia. http://www.um.es/docencia/geobotanica/teoria.html.

Attenborough, David (1995). The private life of plants, a natural history of plant behaviour. BBC Books, London.

Barsch, D. (1963). Studien zum problem der deformation von baumrkronen durch wind. Freiburger Geographische Hefte 1, vol. I.

Braun-Blanquet, J. (1979). Fitosociología, bases para el estudio de las comunidades vegetales. Blume, Madrid.

Campbell, N. A. (1996). Biology. 4ªed. Benjamin Cummings, Nueva York.

Chuvieco, E.; Congalton, R. C. (1989). Application for remote sensing and Geographic Information Systems to forest fire hazard mapping. Remote Sens. Environ 29, pp.147-159.

Cuadrat, José Ma.; Pita, Mª Fernanda (2000). Climatología.  Cátedra Geografía, Madrid.

Díaz, M.; Dorrego, X.; Fernández, A. (1999). Georreferenciación y cuantificación de incendios forestales en Galicia. VIII Congreso Nacional de Teledetección. Albacete.

Dorrego, X.; Álvarez, G. (2009). Teledetección y SIG en la gestión de los incendios forestales en Galicia. Teledetección, agua y desarrollo sostenible, XIII Congreso de la Asociación Española de Teledetección, Calatayud, pp.297-300. Editores Salomón Montesinos Aranda y La Fernández Fornos.

Ferreras Chasco, Casildo; Fidalgo, Concepción. (1999). Biogeografía y Edafogeografía. Síntesis, Madrid.

Ferreras Chasco, Casildo (2000).  Factores mesológicos de la vegetación, en Meaza Rodríguez, Guillermo (Coord.), Metodología y práctica de la biogeografía, pp. 18-76. Serbal.

Gullan, P. J. y Cranston, P. S. (1994). The Insects: An Outline of Entomology. Chapman and Hall, London.

Huetz de Lemps, A. (1970). La végétation de la terre. Masson, París.

Lacoste, Alain; Salanon, Robert (1973). Biogeografía. Oikos-Tau, Barcelona, traducida por J. M. Camarasa de Elements de biogéographie (1973) Fernand Nathan, París.

Lozano Valencia, Peio (2000). Métodos y técnicas en zoogeografía, en Meaza Rodríguez, Guillermo (Coord.), Metodología y práctica de la biogeografía, pp. 317-373. Serbal.

Rivas Martínez, Salvador (2005). Avances en Geobotánica. Discurso de Apertura del Curso Académico de la Real Academia Nacional de Farmacia del año 2005. http://www.globalbioclimatics.org/book/ranf2005.pdf. Consultado 22 de octubre de 2011.

Walter, Henrich (1997). Zonas de Vegetación y clima. Segunda reimpresión. Omega, Barcelona, traducida por Margarida Costa de Vegetationszonen und Klima (1977), Eugen Ulmer, Stuutgart.

Yoshino, M. (1973). Studies on wind-shaped trees: their classification, distribution and significance as a climatic indicator. Climatological NotesHoseiUniversity. Vol. 12, pp. 1-52.

 

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Alberto Díaz San Andrés (desde mayo/2011), última actualización: abril de 2012. www.biogeografia.netau.net (versión 3.0)