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Las especies que sobreviven no son las más inteligentes (...) sino aquellas que se adaptan mejor al cambio (Charles Darwin)
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TEMA 7.

DISTRIBUCIÓN Y COROLOGÍA

 

7.1. INTRODUCCIÓN
7.2. EXPANSIÓN Y REGRESIÓN DE ÁREAS
7.3. FACTORES Y FORMAS DE EXPANSIÓN
7.4. MIGRACIONES
7.5. ÁREAS DE DISTRIBUCIÓN
7.6. VICARIANZA
BIBLIOGRAFÍA DEL CAPÍTULO

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7.1. INTRODUCCIÓN.

 

El estudio de la distribución de los seres vivos es uno de los principales objetivos de la biogeografía. Por ello, la corología es una ciencia muy importante dentro de la biogeografía puesto que estudia la localización de cada unidad taxonómica, delimita las áreas de distribución de cada especie, género, familia, orden... y estudia las leyes por las cuales se rige la distribución de las plantas y los animales en el planeta. El trabajo de esta ciencia no es una tarea fácil, puesto que la localización de las especies no es algo estable y homogéneo, sino todo lo contrario, muy variable y heterogéneo que obliga a estudiar la evolución a lo largo del tiempo de la localización de las especies y de los factores que influyen en el reparto de los seres vivos en el planeta.

La corología se especializa en dos aspectos: autocorología si estudia la distribución de los taxones; y sincorología si estudia los sintaxones o comunidades. La corología también es conocida como la ciencia de las áreas o arearografía.

sabinar

Diferentes formas de concentración del sabinar en las Hoces del Duratón (Segovia)
Fotografías de Alberto Díaz San Andrés.

7.2. EXPANSIÓN Y REGRESIÓN DE ÁREAS.

 

Los factores que influyen en la distribución de las especies son muy variables en el tiempo. Si tenemos en cuenta los cambios climáticos ocurridos en el cuaternario y en la actualidad, es evidente que la distribución actual de los seres vivos no es estática, ha habido importantes avances y retrocesos de muchas especies (Casildo Ferreras, 1999). Por otro lado, la presencia del ser humano ha modificado de manera sustancial y muy rápida la situación de muchas especies. Además, a lo largo de la historia del planeta han aparecido y desaparecido muchas especies de plantas y animales porque sus territorios han aumentado o han disminuido, hechos de los que son testigos las áreas discontinuas actuales y los datos paleóntológicos, que demuestran que hubo árboles de Pinus canarensis en el sur de España, y elefantes y rinocerontes en Madrid.

La configuración actual de la distribución de las plantas y los animales es el resultado de muchos factores como la competencia entre especies, la historia geológica y biológica del planeta, los cambios climáticos, la formación de montañas y otros tipos de relieves...

Para cada especie existen factores particulares que determinan que su área de distribución se expanda o se encuentre en una situación de regresión o extinción. Aún así, podemos señalar ciertos procesos que en general pueden ayudar a la expansión de las especies como: la eficacia en la dispersión de las diásporas en el caso de las plantas, la eficacia en la reproducción en el caso de los animales; la influencia humana que puede convertirse en un factor determinante; la competencia con otros taxones; la aparición de espacios climática y edafológicamente adecuados para la especie...

Por el contrario, existen factores genéricos que hacen que las especies pierdan su territorio. Los cambios climáticos excepcionales o progresivos son factores muy importantes que inciden de manera crucial en la extinción y regresión de especies. Una fuerte helada puede matar a una gran cantidad de plantas en un lugar determinado, pero un cambio climático produce un movimiento longitudinal, latitudinal o altitudinal, del área de distribución de la especie que puede ser letal si la planta o el animal no consiguen ganar terreno por otro lado. Las catástrofes naturales como las inundaciones, aludes, terremotos, fuegos... pueden provocar la regresión del área de un ser vivo. La relación con otras especies es fundamental, la falta de competitividad entre especies puede ser negativa, pero también la excesiva competitividad de una especie como en el caso de la extensión de plagas y parásitos o la presencia de especies invasoras, suele ser un gran problema para muchas especies. Los factores propios también son decisivos, los medios de dispersión pueden no ser eficaces, o el ser vivo puede no estar capacitado para los cambios que ocurren a su alrededor, aunque el envejecimiento poblacional y aislamiento geográfico que provoca debilitamiento genético son factores más decisivos.

Aunque el ser humano es considerado un factor que ayuda a la extensión de algunas especies, también es un factor que provoca la regresión de muchísimas otras especies. El ser humano ha provocado la extinción de muchos seres vivos como el dodo o el el quagga, de hecho, ya se habla de la extinción masiva del Holoceno en las que los hombres y las mujeres son los principales responsables de la pérdida de muchas especies. En general, procesos como la agricultura, o la reforestación provocan una uniformidad de la flora y la fauna y una inevitable pérdida de biodiversidad. La contaminación, la pesca, la caza, la minería, la deforestación... son las causas de la gran huella humana en el planeta. La urbanización y los sistemas de comunicación provocan la ruptura y el desmembramiento de los espacios naturales y como consecuencia aparecen el aislamiento geográfico y el empobrecimiento genético de las especies. En España, el lince ibérico (el mamífero más amenazado del mundo), se encuentra en una situación muy crítica que muy posiblemente provoque su extinción, debido a que la fuerte pérdida de espacios naturales en los que podía vivir provoca que ya sea imposible el contacto entre las distintas poblaciones de linces.

Por otro lado, existen muchas especies que son capaces de introducirse en un territorio muy alejado de su área primitiva y original, cuando esto ocurre se les denominan especies espontáneas. Generalmente, esto se produce de forma natural, pero con la llegada del ser humano la forma en la que se produce este fenómeno ha cambiado. Aún así, para que cada especie pueda prosperar, debe ser capaz de adaptarse y diseminarse en el territorio de manera eficaz. Según los casos y el resultado de la implantación de especies, se habla de (Sanchis et al, 2004; Alcaráz Ariza, 2008):

- Especies naturalizadas: son plantas y animales que se han introducido en un territorio en donde las condiciones naturales son semejantes al lugar de donde procede, y por lo tanto, puede implantarse definitivamente en el nuevo territorio sin problemas, como si fuese autóctona, pudiendo continuar su expansión desde el punto en donde han sido introducidas (Sanchis et al, 2004; Alcaráz Ariza, 2008).

- Especies adventicias (adviento significa sorpresa, accidental, inesperado...): son aquellas especies que se introducen en lugares en donde hay una importante diferencia climática y ambiental entre el área de origen y el actual. La especie en este caso, se establece de forma precaria en el territorio y puesto que no encuentra condiciones totalmente favorables para su desarrollo, en cualquier momento, puede ser eliminada o desaparecer, por ejemplo por un invierno riguroso, o porque se ha mantenido en un área muy reducida (Alcaráz, 2008). Son especies que se encuentran en un lugar que no les corresponde para su tipo de autoecología, como por ejemplo una planta alpina que ha llegado hasta el fondo de un valle (Sanchis et al, 2004).

- Especies aclimatadas: son especies que se introducen en un área con una climatología y con unas características ambientales tan diferentes a las de su lugar de origen, que sólo puede sobrevivir con la ayuda del ser humano en invernaderos, cultivos especiales, centros especializados... (Alcaraz, 2008). También existen especies aclimatadas que a pesar de las diferencias climáticas entre su lugar de origen y el actual, consiguen sobrevivir de forma natural, pero no se reproducen (Sanchis et al, 2004). Por ejemplo, el Ficus benjamina, es una especie de higuera nativa del sur y sureste de Asia, y del sur y norte de Australia (wikipedia, 2016), pero se emplea mucho como planta de jardinería en Europa. En estas zonas, la planta vive y crece bien, pero no se reproduce sexualmente, no produce flores y cuando hay una helada fuerte puede helarse. También, muchas especies de cactus ornamentales, al estar fuera de su hábitat natural, se desarrollan vegetativamente, pero no producen flores (Sanchis et al, 2004).

- Especies cultivadas o domesticadas: es cualquier especie que ha sufrido en mayor o menor medida una manipulación por parte del ser humano, a lo largo de muchos años. Este tipo de especies son modificadas morfológica y anatómicamente y dispersadas por el ser humano, y acaban viviendo en lugares muy diferentes a su centro de origen. Normalmente el cambio producido por el ser humano es tan drástico que hace que las especies domesticadas no puedan volver a vivir a su medio natural de forma autónoma. En este sentido, no se debe confundir la domesticación con la doma. Al domar una especie, ésta se adapta al trato con los seres humanos, pero mantiene su estado salvaje, como en la cetrería.

La domesticación de plantas y animales generalmente se basa en la selección de especies. En las plantas se buscan aquellas que ofrecen mayores producciones (cosechas) y mejores cualidades (depende de la característica deseada, por ejemplo, aspecto, olor, resistencia, presencia, vistosidad...), mientras que en los animales la selección se basa en la producción ganadera e industrial, o en otras factores como la lealtad, el alimento, la piel...

- Especies híbridas: son especies procedente del cruce de dos organismos por la reproducción sexual de razas, especies o subespecies distintas, o de alguna o más cualidades diferentes. Es un proceso que puede ocurrir en la naturaleza, por ejemplo, algunas especies de Quercus pueden generar híbridos. Pero es mucho más común la hibridación realizada por el ser humano, sobretodo en agricultura. Existen híbridos creados por el ser humano tanto de plantas (p.ej. es muy común la hibridación de cítricos: Citrus × aurantium, Citrus × limonia, Citrus × limon, Citrus × paradisi...), como de animales (como el ligre, mezcla de tigre y león, o la mula que es el híbrido de la yegua y el burro).

 

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Alberto Díaz San Andrés (2011-2016), última actualización: junio de 2016. www.biogeografia.netau.net (versión 4.0)